Nando López. Foto de Lourdes Cabrera

Lector del Mes: Nando López, Premio Gran Angular 2020

mayo 15, 2020 0 comments ortega19 Categories Noticias del sectorTags

“Desde la ficción y el sistema educativo aún quedan muchos estereotipos que se siguen repitiendo sin el cuestionamiento necesario. Es urgente dar cuenta de la diversidad familiar y, sobre todo, celebrarla”.

Hoy es el Día Internacional de la Familia, que se celebra cada 15 de mayo con el objetivo de concienciar sobre el papel de las familias en la educación de los niños y sobre la evolución del concepto de familia. Hemos querido conversar con Nando López, Premio Gran Angular 2020, autor, docente y gran conocedor de la diversidad en los modelos de familia.

Nando López (1977) es novelista, dramaturgo y Doctor Cum Laude en Filología Hispánica. Desde joven se sintió atraído por el teatro, y en sus años universitarios participó en montajes como autor y como director, llegando a crear su propia compañía teatral con la que estrenó sus primeros textos. Con el tiempo, ha conjugado su pasión por la literatura, el teatro y la enseñanza. Durante años ha sido profesor de Secundaria y Bachillerato en la enseñanza pública, aunque actualmente se encuentra en excedencia para dedicarse exclusivamente a la escritura narrativa y teatral.

El pasado 20 de abril recibió el Premio Gran Angular de Literatura Juvenil 2020 por La versión de Eric que, según el fallo del jurado, “es una novela que nos enseña que la vida no es fácil para nadie, pero para determinadas personas, mucho menos. Por ser un thriller y un relato de aceptación, que nos obliga a cambiar la mirada, para que esta sea siempre desde el corazón; y que nos enseña que, en este mundo de espejos y apariencias, callar o esconderse no son una opción”.

¿Cuál es el primer libro que recuerdas?

Coleta, la poeta, de Gloria Fuertes

¿Tuviste una infancia lectora?

¡Mucho! Mi regalo favorito eran los libros y me encantaba pasarme el día leyendo. Al principio, con mis padres y después, por mi cuenta.

OLIVER TWIST, ANAYA¿Cuál era tu libro de cabecera cuando eras niño?

Me costaría elegir solo uno, porque la verdad es que hay muchos que me marcaron en aquellos años. Aunque recuerdo con especial cariño una edición ilustrada de Oliver Twist que me regaló mi bisabuela y una versión para niños de la Odisea que saqué de la biblioteca de mi colegio. Llegué a saber ambos casi de memoria.

¿Y cuando llegaste a la adolescencia?

Me quedaría con 3 títulos: El guardián entre el centeno, de Salinger; Pedro Páramo, de Juan Rulfo; La casa de verano, de Alfredo Gómez Cerdá. Los tres me impactaron por motivos muy diferentes y se convirtieron en tres de mis obras de referencia durante aquellos años.

LA REALIDAD Y EL DESEO¿Hay algún libro que te haya marcado especialmente? ¿Por qué, cuál es su historia?

La realidad y el deseo, de Luis Cernuda. Su poesía llegó a mí gracias a mi madre, que además de una lectora voraz es licenciada en Filología Hispánica —de modo que la literatura forma parte desde siempre de su ámbito personal y profesional—, y leer los versos de Cernuda me ayudó a encontrar mi voz en un momento en que me hallaba especialmente desorientado y perdido. De algún modo, siento que su literatura ha sido una herramienta esencial en la construcción de mi propia identidad.

¿Dónde y cuándo te gusta leer?

Puedo leer en cualquier parte y en cualquier momento, aunque cuando más lo disfruto es por la noche. En cuanto al lugar, no tengo preferencias.

¿Tienes un formato preferido?

Sin duda, el papel. Aunque a veces leo en digital, si el libro me gusta mucho necesito comprarlo después en formato físico. Adoro el tacto de los libros, incluso su olor, y soy de los que leen siempre con un lápiz a mano para subrayar, anotar… Se podría contar mi vida a través de las marcas que voy dejando en cada libro que pasa por ella.

¿De quién sueles fiarte para que te recomiende un libro?

De quienes me conocen bien: mi pareja, mi madre, mis amistades… No suelo hacer caso de la publicidad o de las modas, que siempre suelen responder a una decisión editorial más o menos arbitraria.

FUN HOME¿Qué título recomiendas para …

… volver a la calle sin perder la cabeza? Stoner, John Williams.

… cultivar el optimismo? El barón rampante, de Italo Calvino.

… revisar el concepto de familia? Fun home, Alison Bechdel.

… educar en la tolerancia? El monstruo rosa, Olga de Dios.

… reírse con la familia más peculiar de la literatura? Mi familia y otros animales, Gerald Durrell.

Dime tres razones por las que leer.

Porque nos ayuda a desarrollar la empatía. Porque una sola vida es siempre insuficiente y solo leyendo tenemos acceso a vivir muchas más. Porque la literatura nos hace libres.

¿Qué estás leyendo ahora?

El precio de la amistad, Kjell Askildsen

“Dos o más personas que se respetan, cuidan y quieren y cuyos lazos pueden o no ser elegidos, son familia. La amistad íntima y sincera es familia (…). Y también siento que mis personajes —al menos, los de novelas que me han marcado mucho en mi trayectoria como autor— son parte de esa familia que me rodea.”

Nando López. Foto de Sergio Cuesta
Foto de Sergio Cuesta

El 15 de mayo se celebra el Día Internacional de la Familia. ¿Qué es para ti la familia?

Dos o más personas que se respetan, cuidan y quieren y cuyos lazos pueden o no ser elegidos. Para mí, la amistad íntima y sincera —sin duda alguna—  es familia.

¿Y qué no es?

Relaciones basadas exclusivamente en lazos genéticos donde no existe el afecto, ni el respeto, ni la comunicación. Algo tan anecdótico como compartir apellido no me parece motivo suficiente para considerar que un grupo de personas son una familia.

Durante el confinamiento se han visibilizado “nuevas familias”: la creada con el vínculo de la convivencia en cada casa, la virtual, el descubrimiento -elegido o no- de los vecinos… ¿cuál ha sido tu familia en estos días? ¿Los libros entran en esa familia?

Sin duda, los libros son parte de mi familia porque son parte esencial de mi vida. Y por lo demás, en el confinamiento no he redescubierto nada que no supiera. En general, la idea de que el encierro no está enseñando cosas es algo que me niego a aceptar: nunca he sido partidario de la educación a partir del dolor y tampoco creo que una tragedia enseñe nada. Llevamos siglos repitiendo errores tras situaciones tan duras o más que esta. En cuanto a mi familia, tengo claro que son las personas con quienes comparto cada día, ya sea físicamente (mi marido), o gracias al teléfono y las redes (mis padres, mi hermano, mi abuela, mis amigas…). Y, de algún modo, aunque pueda sonar extraño, también siento que mis personajes —al menos, los de novelas que me han marcado mucho en mi trayectoria como autor— son parte de esa familia que me rodea.

Desde tu experiencia a lo largo de los años como docente primero y como autor de literatura infantil y juvenil, ¿qué evolución has visto en los modelos de familia?

Por suerte, cada vez son más abiertos, más flexibles y, sobre todo, más visibles. Sin embargo, desde la ficción y el sistema educativo aún quedan muchos estereotipos que se siguen repitiendo sin el cuestionamiento necesario. Es urgente dar cuenta de la diversidad familiar y, sobre todo, celebrarla.

“Se ha avanzado mucho, sin duda, pero mientras hablemos de “aceptación” estamos incidiendo en que esta no es una realidad incuestionable.”

¿Ha evolucionado de forma paralela la aceptación social de estos modelos?

Se ha avanzado mucho, sin duda, pero mientras hablemos de “aceptación” estamos incidiendo en que esta no es una realidad incuestionable. Por desgracia, hay determinados focos que, con un discurso de odio inadmisible, critican toda estructura no tradicional e incluso nos acusan de poner en peligro su modelo. Y también están quienes, con pretendida buena intención, hablan de “normalizar”, cuando no necesitamos que nadie “normalice” nada —ya que eso supone admitir que hay esquemas normales frente a otros que no lo serían—, sino que todos los tipos y modelos de familia ocupen el mismo lugar y se presenten como igualmente válidos y posibles, sin que haya una jerarquía implícita que distingue entre modelos mayoritarios y los márgenes donde parecen situarnos a los demás.

Como autor teatral y novelista reflejas la diversidad en tu obra. ¿Hay una intención consciente?

En mi labor literaria me limito a contar historias que me importan y que necesito compartir. No sé si eso se puede calificar de activismo, porque en mis textos evito siempre la moralina y el mensaje evidentes. No soporto que me den soluciones facilonas a problemas que no lo son, de modo que ni en mi literatura adulta ni en mi literatura juvenil parto de un discurso previo —es más, la mayoría de mis libros presentan finales parcialmente abiertos—, sino de personajes y vidas que deseo retratar. El hecho de que esas vidas siempre sean diversas se corresponde con mi afán de contar el mundo en que vivimos: quiero mi literatura lo represente y, por este motivo, debe acoger todo tipo de identidades, orientaciones y sensibilidades. Por otro lado, a ningún autor con personajes mayoritariamente cisheterosexuales se le preguntaría si con ello trata de hacer algún tipo de activismo; sin embargo, a los autores que incluimos protagonistas LGTBI en nuestros textos se nos suele preguntar lo contrario, como si tuviéramos que justificar la identidad y la orientación de nuestros personajes. No es más que otra prueba de que aún queda mucho por recorrer hasta la verdadera igualdad.

¿Cuál es tu familia preferida de la LIJ?

Los Niños Perdidos en Peter Pan, una familia elegida y, a su modo, nada convencional.

La literatura tiene un papel fundamental en la educación en la tolerancia, sobre todo en la LIJ…. ¿Qué lecturas recomiendas para abrir los ojos sobre la diversidad de modelos familiares?

Para las y los más pequeños, Monstruo rosa, Olga de Dios; George, Alex Gino; Tenemos dos mamás, Violeta y Jara Morales; Con Tango son tres, Justin Richardson y Peter Parnell. Y para adolescentes: El amor es demasiado complicado, Andrés Guerrero; Fun home, Alison Bechdel; El marido de mi hermano, Gengoroh Tangame; Las ventajas de ser un marginado, Stephen Chbosky; Nido de pájaros, Luis Maura; Estamos todas bien, Ana Penyas.

“El mejor modo de fomentar la pasión lectora es que leamos juntos. muchas madres y padres que se quejan de que no saben cómo hablar con sus hijos e hijas, se sorprenderían si vieran cuántos temas de conversación les proporciona el hecho de compartir un libro, una película, una serie… La ficción es un punto de partida fantástico”.

Y a la inversa… todas las familias tienen un papel fundamental en el fomento de la lectura. ¿Cómo pueden hacerlo y por qué, para qué? ¿Cómo les puedes convencer para que se impliquen?

Sin duda, el mejor modo de fomentar la pasión lectora es que leamos juntos. ¿Cómo vamos a convencerles de que hagan algo que no ven que nos guste o emocione?  Y, por otro lado, creo que es esencial no obligar jamás a leer un libro. Bastantes obligaciones escolares tienen ya como para sumar otra: si ven los libros como algo con lo que se les presiona, jamás llegarán a amarlos y desarrollarán un rechazo más que comprensible hacia ellos. Por otro lado, muchas madres y padres que se quejan de que no saben cómo hablar con sus hijos e hijas, se sorprenderían si vieran cuántos temas de conversación les proporciona el hecho de compartir un libro, una película, una serie… La ficción es un punto de partida fantástico para provocar el diálogo en familia.

Cuando llega la adolescencia se pierde en muchos casos el interés por la lectura. ¿Cómo te enfrentas a ese desinterés en tus charlas con ellos? ¿Cómo les motivas?

Trato de hablarles desde mi propia pasión como autor y como lector. La adolescencia detesta la mentira, la hipocresía y, además, la detectan enseguida, así que soy muy sincero y abierto a la hora de hablar de mis gustos literarios. Por otro lado, trato de provocar su curiosidad con títulos que sé que les pueden descubrir temas e historias que les interesen, la clave está en que sean ellos quienes acudan libremente a buscarlos. Dejar una semilla de inquietud que les provoque salir a buscarlos.  En cuanto a mi faceta como autor, trato de que mis novelas les enganchen desde la primera página. Están habituados a un ritmo frenético, muy cinematográfico, y a mí me interesa una literatura introspectiva, que mueva a la reflexión, así que construyo tramas que los envuelvan desde las primeras líneas para que después, cuando ya se han enganchado a los personajes, se adentren en la psicología de los protagonistas.

“La adolescencia detesta la mentira, la hipocresía y, además, la detectan enseguida. Trato de provocar su curiosidad con títulos que sé que les pueden descubrir temas e historias que les interesen, la clave está en que sean ellos quienes acudan libremente a buscarlos.”

LA VERSIÓN DE ERICEl protagonista de La versión de Eric, con el que has recibido el Premio Gran Angular, es, entre otras muchas cosas, trans. Dices que la literatura nos da referentes y que pones sumo cuidado en crear personajes LGTBI complejos. ¿Se excede la producción literaria y audiovisual en los clichés? ¿Cómo crees que se aborda en la LIJ?

Los clichés forman parte de la ficción desde que esta existe, a fin de cuentas, de ahí nace toda una tipología de personajes sobre la que se sostienen muchas de las historias que conocemos. Sin embargo, cuando tratamos de hacer una literatura realista -que es donde ubicaría muchos de mis textos-, debemos huir del prototipo y crear personajes poliédricos, complejos, con luces y sombras, como cualquiera de nosotros. Por otro lado, esas etiquetas no nacen siempre del texto, sino de la mirada sobre el mismo. Nadie resume un personaje como “el protagonista es un chico cis” o “la protagonista es una chica lesbiana”. Sin embargo, sí escuchamos síntesis como “el protagonista es un chico trans” o “la protagonista es una chica lesbiana”. En el caso de La versión de Eric, su protagonista es trans, y es un chico con altas capacidades, y es un joven con sensibilidad literaria, y es un estudiante que quiere ser actor, y es un veinteañero que consigue un éxito televisivo, y es un hijo con una relación compleja con sus padres, y es un gran amigo de sus amigos, y… Resulta imposible resumirlo en una palabra, porque su vida, como la de cualquier otra persona, es compleja y está llena de aristas.

Este año el tema para este Día Internacional de las Familias es “Las familias y la Acción por el clima”. Las familias como elemento fundamental para la educación medioambiental. Quizás este periodo de confinamiento y de ver cómo la naturaleza recupera su espacio sirva para hacernos pensar… ¿Cómo crees que se puede aprovechar desde las propias familias?

Me gustaría creer que este encierro, que está poniendo de relieve muchas de las desigualdades sobre las que se sustenta nuestra realidad, nos ayudase a reflexionar sobre ellas y a hacernos más empáticos, autocríticos y solidarios. Sin embargo, dudo que eso ocurra. No me identifico nada con esa visión mrwonderfulliana que nos rodea -otro mal endémico de nuestro tiempo- donde se intenta romantizar un contexto tan duro como este convirtiéndolo en una oportunidad y obviando que es poco probable que, cuando haya pasado, seamos mejores. Seremos los mismos y, quizá, más egoístas, porque esta circunstancia, como por desgracia comprobamos cada día, no parece estar sacando lo mejor de nosotros mismos.

¿Y desde la literatura?

Creo que la literatura lleva tiempo manifestando y reflejando todas esas desigualdades, es más, hay muchos textos que parecían contar momentos similares a este, así que lo que tiene que hacer es seguir siendo honesta y comprometida, más allá de modas e intereses únicamente comerciales. Por otro lado, dudo que ahora mismo sea pertinente un retrato mimético de cuanto nos ocurre. En mi caso, desde luego, no tengo ningún interés como lector por leer ficción que novelice la distopía que ya estamos viviendo. Me parece que contar este momento requiere distancia y reflexión y, de momento, no la tenemos.